Miscelánea y abarrotes "Arriaga"
1
Yo
estaba bien agusto acabándome mi taco. En la tele estaban pasando esas noticias
que lo único que me dicen es que los hijos de mis hijos no sé por qué ya no van
a tener Acapulco; esas noticias que tengo que ignorar, que si no me agüito.
La
ñora con la que me quedo también estaba haciendo la nutrición y que se acaba el
elixir. Me asoma un billete y me pide amablemente que vaya por una de dos
litros y que ahí en la esquina junto a la puerta está el envase.
Ni
modo, mi taco me tendrá que esperar, pero no reparo en ello, un taco frío no me
molesta, disfruto más el sabor de la tortilla seca.
En un
par de pasos llego a la esquina, tomo al envase del pescuezo y me lanzo. Voy
caminando, "caminando ando" decía mi sobrino, ese calate era bien
loco, se contaba unos buenos el pinche Diego. Pero bueno, como siempre, ya ando
pendejiando. Pateo una piedra, pateo otra, contando las calles que faltan para
llegar a la tienda. Me encontré un pedazo de alambre en el camino que me
guardé, lo hice una especie de bolita y me lo metí a la bolsa para que no me
picara. Nunca sobra un buen alambre.
Ya se está metiendo el sol, “pinche joto, no aguanta más de 12 horas el maricón”, o eso decía el Diego, nunca supimos quién le enseñó a hablar así desde pollo. Pero para mi fortuna, los comercios que viven en San José ya están prendiendo sus focos amarillos. El olor a tierra y a cemento empieza a permear mi nariz. Ese olor me ha acompañado en todas mis jornadas: cuando conocí a la Dulce, cuando me dejó, cuando doña Inelda me alojó en su cuarto y hoy que llevo este envase de dos litros conmigo. Pero ya, mucho choro, finalmente llegué. Voy subiendo las escaleras de cemento hacia el interior de la tienda y una mano me detiene.
2
Yo
estaba en la tienda, no me vengo a justificar. Ustedes ya saben que está cabrón.
Ustedes harían lo mismo que yo si no tuvieran de otra. Además, ni que les hiciera algo, nadamás les pongo la perrona en la panza para que se caguen. Pero ni trae nada y nunca va a traer nada. Es chamba temporal, en cuanto junte para irme a la verga y empezar a tomar cualquier trabajito que me den, ya, ahí muere. Yo le juré a todos que lo de la mona fue solo una vez, que nunca volvería a pasar. Y en efecto, nunca ha pasado de nuevo, fueron esos pendejos muy retóricos que por mera presión me agarraron de bajada y se aprovecharon para que me endrogara con ellos. No les funcionó, no soy pendejo para dejar que me manipulen así. Pero mis jefes si creyeron que yo era pendejo, creyeron que por eso yo ya había valido verga y que no valía ya. Llorando y con amenazas en su boca, mi papá me echó a patadas.
Ya llevo aquí 5 días, le dije al de la tienda que me hiciera el
paro para que no me acuse, al principio se negó, cuando vio la perrona ya no.
Los primeros 2 días pensé que en cualquier momento mis papás vendrían por mí y
me recogerían. Pensé que mis tíos o mi abuelita abogarían en mi favor, pero
nunca llegaron. Mucho pinche choro, ya llegó el de hoy, ya llegó la chamba.
3
Yo
vivo enfrente de la miscelánea "Arriaga". Yo andaba preparando el
café, el agua ya estaba casi hirviendo y le soplé más al brasero para levantar
la flama. Me gusta bien caliente el café.
Salí a
tomar el airecito fresco de la noche antes de cerrar con candado. Y ese olor
que nunca he podido poner en palabras me llegó, a veces aquí huele a mierda de
borrego, otras no, esa vez no. Y podía disfrutar de cada detalle de esa noche
que apenas arribaba: los calates corriendo a sus hogares, los perros
acomodándose en algún punto de especial comodidad para empezar a soñar, y las
tiendas prendiendo sus focos incandescentes que hasta calorcito dan.
Señor
oficial, lamento tanta palabrería, pero ya, mucho choro.
No sé
qué quiere que añada al momento en el que llegó un señor a la tienda y en su
encuentro con un joven, que lo había detenido con su mano, empezó a darle
botellazos en la cabeza al pobre, botellazos de ese plástico hecho para ser
retornable, de ese plástico duro, que cuando se rompe se quiebra como cristal.
Le empezó a dar putazos y putazos con la botella en la mera frente. El muchacho
traía una pistola, pero por alguna razón no la usó. Después, el señor, en su
desenfreno sacó un pedazo de alambre, lo desenredó y se lo empezó a encajar en
su rostro hasta hacerlo irreconocible. Era una escena terrorífica, pareciera
que fueran enemigos desde la infancia, parecía que el mundo los había preparado
para este día, parecía que uno había despertado con la idea de morir y el otro
con la idea de dejar su cotidianeidad atrás de su vida. Y sin estar satisfecho,
tomó el envase de nuevo solo para enterrarlo en el pecho, como un puñal. El
joven crujió como una tortilla seca.
-Alan
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